viernes 23 de octubre de 2009

Versos viajeros


Es tarde.
Se desintegra el ocaso.
Las hojas que en el alba flamearon blancas ahora viajan por el crepúsculo cargando versos hacia las estrellas.
Tengo miedo.
La noche se irá salpicando de las palabras que tiré al vacío. Y yo estoy en el suelo con los brazos levantados con la voluntad absurda de alcanzarlas. Muy tarde. Ya partieron. Ahora sólo puedo mirarlas hasta que amanezca...

Tengo miedo por mañana
¿Qué haré cuando el cielo despierte pulcro y terso? ¿Qué haré cuando de nuevo la tinta grite a mis manos paralizadas?

No me obligues a dormir. Será mañana cuando enfrente nuevas hojas blancas. Lo que quiero ahora es arrastrar los minutos de mi vigilia mientras veo desaparecer los versos que al mundo entregué.

martes 6 de octubre de 2009

Dos


Afuera los cánones inútiles
y las garrapatas ideológicas

libera
a las manos
en su mejor oratoria
y di adiós a las palabras
que no nos sumen a los dos

para líderes
no habrá espacio
ni para máquinas
profetas
apocalipsis
o santos

seremos anarquías
pestes
herejías
seremos guerras
pero seremos dos

miércoles 23 de septiembre de 2009

Jefe nuestro



Jefe nuestro que estás

en tu celeste escritorio,

archivada y sellada

sea tu firma.

Vayamos nosotros a tu oficina

porque ella no vendrá a nosotros.

Háganse tus benditos estatutos

que nos impiden pasarnos de la bendita raya,

danos nuestros formularios

para los pensamientos pecaminosos,

perdona nuestros encuentros con el diablo

(que nos promete licencias más largas),

no nos dejes caer en la huelga

(así no tendrás que descontarnos los puntos

canjeables y santificados)

y podamos tener al día nuestro papeleo

sin que tengas que cobrarnos hipotecas

y alquilemos una parcela en tu patio trasero.

Amén.


lunes 14 de septiembre de 2009

La libretita


Había una vez una libretita verde que una mamá compró para que su hijita de ocho años copiara los deberes de la escuela.

Pero el destino de la libretita cambió un día que la niña decidió escribir un cuento sobre tres niñas piratas. Orgullosa, la niña leyó su cuento frente a la maestra y demás compañeros y terminó convirtiéndose en la escritora de la clase.

Desde ese día, el destino de la niña quedó marcado y la libretita comenzó a albergar más cuentos de piratas, niños exploradores, magos, brujas, princesas encantadas y animales parlantes, todos decorados con ilustraciones desfiguradas pero coloridas.

Y así continuó. La libretita fue llenándose de más palabras alegres y dibujos utópicos esperando con ansias el día en que su dueña se hiciera famosa para finalmente descansar satisfecha en alguna vitrina de honor.

Pero a medida que la niña dejó de ser niña, la libretita dejó de pasear más seguido en su mochila hasta quedar relegada en un estante y, más tarde, a una caja de recuerdos que la niña no tan niña miraba de vez en cuando.

Pasaron los meses y hasta un par de años. Sus hojas de ajaron y las letras y dibujos comenzaron a palidecer pero la libretita no perdió la esperanza.

Entonces, un día, su dueña abrió la caja de recuerdos y lentamente fue dislumbrando la luz del exterior hasta encontrarse con un par de ojos inquisitivos.

Dueña y libretita se observaron simultáneamente encontrándose desconocidas. La libretita vieja y polvorosa. La niña no tan niña desconfiada y desengañada.

Por un segundo, la libretita tuvo esperanzas de recobrar su antiguo trabajo.

No sucedió.

Su dueña la tomó entre ambas manos y la quebró. Primero de a pedazos, luego de a pedacitos hasta que el suelo de su dormitorio se vio cubierto por lágrimas de papel.

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